La imaginación y el erotismo
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Juegos de sexo…recuperando la emoción
Si por el momento crees que las cosas se han vuelto predecibles últimamente ¡No te reproches! Suele suceder cuando te olvidas de lo más importante: el juego del sexo.
Juegos de sexo: ideas para reavivar tu relación
El sexo en la antigüa India era sagrado ya que mediate ésta practica se podía alcanzar grados de conciencia que te acercaban al reino sagrado, el climax u orgasmo es ése instante en los cual se rozaba la divinidad, era un honor poder pisar territorio divino unos instantes, de ahí en parte su culto y figuras en posiciones eróticas esculpidas en algunos templos sagrados.
También tomar al sexo como un juego puede traer a tu relación la emoción que está faltando. Los juegos de sexo consisten en crear fantasías que estimulan la imaginación sexual.
Los juegos de sexo como estímulos sexuales
El juego es lo que nos fascinaba de niños, nos permitía crear mundos de fantasía, siempre distintos, siempre nuevos. La adrenalina de la novedad nos despertaba y hacía volar el tiempo. Con el sexo debe ser lo mismo. Los juegos de sexo le darán a tus relaciones frescura, novedad, sorpresa…la receta perfecta para la pasión y la excitación.
Relaciones sexuales sin amor
La mayoría de nosotros se ha enfrentado a una situación de este tipo: tras un par de citas con la misma persona, sabemos que su interés sexual es obvio, pero intuimos que no quiere nada más allá de la relación sexual; o bien, en una noche de fiesta conocemos a una persona tan atractiva que no podemos evitar llevárnosla a casa, a sabiendas de que en la cama habrá de todo, menos amor. ¿Cómo saber que podemos mantener una relación sexual con la cabeza y el corazón fríos?
En primer lugar, hemos de conocernos muy bien. Si somos personas enamoradizas y con tendencia a los desengaños amorosos, lo más probable es que esa noche de sexo termine como muchas otras: en nada. Por eso, si la persona nos gusta de verdad, es recomendable renunciar a una aventura en la cama o, cuando menos, posponerla. Ahora bien, si acabas de terminar una relación seria y estable y te apetece una noche loca, no hay nada de malo en ello. Sólo tenemos que estar seguros de lo que queremos y, en este caso, podemos permitirnos ser egoístas y pensar en uno mismo. Si la otra parte de también actúa así no habrá malentendidos.
Para muchas personas, estas relaciones sexuales esporádicas son la tónica del fin de semana. No es raro en ellas que se acuesten con tres personas diferentes la noche del jueves, del viernes y del sábado. Este libertinaje no es criticable, pero sí suele ser reflejo de una situación emocional poco estable, que bien puede ser transitoria (por ejemplo, en una etapa de nuestra vida en la que necesitamos reafirmar nuestro atractivo y poder de seducción). A la larga, las consecuencias pueden ser negativas, si vienen en forma de arrepentimiento. O si vivimos en una ciudad pequeña y nos cuelgan el cartel de “chic@ fácil”.
Todos tenemos derecho a vivir nuestra sexualidad con libertad, pero de forma consciente y voluntaria. Dejarse llevar por modas o imitar el comportamiento del grupo de amistades es un gran error. La personalidad también ha de demostrarse en la cama.
Sexualidad sin sexo
Parece sencillo: la sexualidad supone sexo, y punto. Heterosexualidad = sexo con el sexo opuesto; Homosexualidad = sexo con el mismo sexo; Bisexualidad = sexo con amos sexos. Obviamente, hemos simplificado el asunto hasta el extremo e ignorado el hecho de que puede haber gente que no se identifique como hetero-, homo- o etiquetado-sexual, sino que no mantiene ningún tipo de relaciones sexuales. Ya sea de forma temporal o permanente, voluntaria o involuntaria. Su sexualidad, no obstante, se define en función de sus (si bien teóricas) preferencias sexuales.
Últimamente, no son pocos los reportajes e informes sobre asexualidad. La misma palabra parece ser una contradicción en sí misma, porque es sexualidad sin sexo.
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