La novia, la boda y sus tradiciones

Novias y novios

Pasar de conocer personas a hacer amigos; transitar desde el amigarse al quererse; pasar de la estima hasta el amor y amistad de pareja. Para una parte importante de las personas, todos esos estadios, y otros más, son los que hay que recorrer para lograr uno de los objetivos de su vida: establecerse y formar una familia. Algunos sólo necesitan sentirse queridos y saber que tienen junto a ellos a alguien que siente lo mismo. Otros requieren el rito religioso, la boda tradicional, vestirse de novia y novio tal y como lo hicieron sus padres y abuelos.

En lo que respecta al matrimonio religioso, específicamente el cristiano, existen una serie de ritos; que la novia se vista de blanco, lanzar arroz y tantos otros más que se vienen repitiendo desde hace siglos, se han transformado en costumbres sin las cuales una boda confesional pierde un poco de su atractivo. Muy pocos, sin embargo, saben de dónde nacen y por qué se realizan. Es cierto, a muchos probablemente no les interese en absoluto conocer cómo se originó el tipo de ceremonia que hoy se practica, pero igual vale la pena escribir algo al respecto.

Las novias y sus bodas: ¡cuánto han cambiado!

Las bodas han cambiado mucho desde los antiguos tiempos. Durante la antigua Grecia, por ejemplo, la ceremonia duraba tres días. Durante el primero, el centro de la atención era la casa del padre de la novia, donde se la preparaba. El segundo día, y en el mismo lugar, comenzaba la fiesta que se extendía hasta que se llevaba a la chica en procesión hasta el hogar de novio. Finalmente, al amanecer del tercer día se despertaban a los recién casados con serenatas, se les entregaban regalos y se bebía y comía hasta que los novios consumaran sexualmente su unión.

Durante la Alta Edad Media, al menos en España donde el primer tipo de matrimonio basado en el derecho germánico fue reemplazado por el rito romano cristiano, se trataba de una ceremonia en dos partes: los esponsales y la entrega de la esposa. La primera consistía en el contrato entre el padre de la novia y el futuro marido, trámite que no requería ni la opinión ni la aprobación de ella. La segunda parte se concretaba cuando la chica cumplía la edad legal para mantener relaciones sexuales y se iba desde la casa familiar a la del esposo. Con este hecho, la patria potestad, que antes residía en el padre, se traspasaba a aquel. Vale la pena hacer notar que esta era sólo una de las formas en que se realizaban las bodas en ese tiempo.

Las bodas, las novias y las costumbres

A medida que pasó el tiempo la ceremonia fue asimilando elementos sacados de otras culturas y otros que nacieron de su propia evolución. Por ejemplo, lanzar arroz es una costumbre que viene desde oriente y simboliza el deseo de que la pareja tenga muchos hijos. La tarta proviene de los tiempos romanos en que se rompía un pan sobre la cabeza de la novia como símbolo de fertilidad. El ramo de novia tiene su raíz en las hierbas aromáticas que las novias egipcias llevaban con el fin de ahuyentar los malos espíritus. Colocar el anillo en el dedo anular tiene una explicación simple: antiguamente se creía que la vena de ese dedo llegaba directo al corazón.
Por último, la costumbre de interpretar una marcha nupcial viene de los años en que el príncipe Federico III de Alemania contrajo nupcias con Victoria de Sajonia. Ella se consideraba a sí misma una melómana por lo que quiso tener música en su matrimonio. Eligió la Marcha Nupcial de Mendelssohn y una Marcha que aparece en la ópera Lohengrin, de Richard Wagner.    
Como veis, todas las tradiciones tienen un origen pero sea una boda católica o civil, convencional o extravagante lo único que podemos decir es ¡Vivan los novios!

 

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