Mujeres solas, pero no solitarias. ¡Todo un ejemplo!

Mujeres solas, buscando algo

Llega un momento en que pareja.html" class="" title="buscar pareja">buscar pareja se vuelve un acto vital, un testimonio necesario de lo que se es y de lo que se espera ser, al menos para un considerable número de seres humanos. Es en esta búsqueda no siempre acertada de encuentros y contactos con parejas, que nos encontramos reflexionando, sin saber cómo, acerca de lo que realmente queremos, y lo primero en que reparamos es en lo sorprendentemente simple que todo resulta si se tiene un poco de perspectiva.

Existen personas para las que la vida en pareja convencional no sirve; por uno u otro motivo llegan a un momento en que deciden que no hay vuelta atrás y aceptan lo que venga con la tranquilidad de quién ha optado a conciencia. Ejemplos de esto nos lo dan las biografías de muchas mujeres solas que a pesar de convencionalismos sexistas tomaron el camino más difícil, el único que quedó para ellas y sin el cual, tal vez, su legado no hubiese sido el mismo.

Dos inquebrantables mujeres solas

La poetisa chilena Gabriela Mistral, primera persona latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura, vivió una existencia marcada por el dolor y las constantes decepciones sentimentales. Un sin número de amores no correspondidos, la muerte inesperada de más de uno de sus amantes y el suicidio de su sobrino al que ella tenía bajo su cuidado mientras trabajaba en la delegación diplomática chilena en Brasil, la marcaron irremediablemente.

No sabemos hasta qué punto estos hechos influenciaron su obra, pero sí tenemos conciencia de que la hicieron parte de ese grupo de mujeres solas que tienen la capacidad de levantarse por encima del desamor, volverse conscientes de sí mismas y transformarse en algo más que simples individuos, a pesar de lo vivido. Años más tarde, con su residencia establecida en EE.UU., Gabriela Mistral pudo acercarse a la felicidad gracias a la compañía de Doris Dana, su secretaria, amiga y amante secreta.   

Greta Garbo, “La divina”, “La mujer que no ríe”, se forjó una carrera en el Hollywood de los albores del cine sonoro, cediendo y aceptando los dictámenes de una industria para la que sólo era el prototipo de la belleza misteriosa. Comprometida por obra y gracia de los estudios Mayer con John Gilbert, una mega estrella de aquellos años, decidió no presentarse a la boda, dejando en claro de qué estaba hecha. Este fue el primer acto de independencia de muchos otros que le sucederían.

Mujeres solas: de coherencia y libertad

La Garbo no sentía que debiese manejarse según incómodos parámetros impuestos. No consideraba ni hallaba motivos para que sus actos tuviesen que ser regidos por criterios que consideraba absurdos, y que evidentemente provenían del fuerte machismo de principios del siglo XX . Eso sin  contar los intereses económicos de la industria del cine. Problamente fue algo que tuvo claro desde que tomó la desición de ocultar su pasado sentimental con Marlene Dietrich.   
A los 36 años, cuando nadie se lo esperaba, Greta Garbo se retiró para siempre del cine pidiendo a todos que la dejaran tranquila. Defendió con los hechos su opción de ser una mujer sola, pero no solitaria. Se recluyó en su piso de Manhattan y a pesar de su amistad con personajes poderosos y ricos, siempre dejó de manifiesto el asco que le provocaba la sola idea de volver a Hollywood. Hasta rechazó un Oscar honorífico argumentando que no quería verle la cara a nadie. Vivió y murió como lo que fue: un mito.

El ejemplo de estas dos mujeres solas escapa al simple relato de sus vidas. Su postura frente a los conceptos sociales que rigieron sus circunstancias es parte de los antecedentes, testimonios y luchas que han venido después. Ambas supieron lo que es amar y lo que significa ocultar sentimientos por temor a ser juzgados. Se levantaron y tuvieron la valentía para construir su propia felicidad al margen de cualquier imposición. Nunca se sabe cómo ni cuándo encontraremos a ese otro con el que las cosas, la vida, es más liviana.

 

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