
Pareja ideal para los hombres: no todo son mujeres bonitas
Para muchos el concepto de “pareja ideal” tiene que ver con un equilibrio entre lo físico y lo psicológico, y en eso no hay nada de malo, a pesar de lo que digan algunos. Hombres que buscan mujeres solteras, gente que desea conocer amigos, chicos que buscan chicos, chicas que buscan pareja, todos ellos, cual más cual menos, se rigen por parámetros que no siempre tienen que ver con la bondad o la pureza espiritual.
Está claro que una buena decisión en esta materia depende de cuánto podamos ver en el interior del otro; abstraernos en lo que se pueda del atractivo físico y evaluar si podemos o no proyectar una vida de verdad, es la actitud desapasionada que nos puede llevar a algún resultado que nos haga felices.
Mujeres bonitas y políticos caídos
La historia está repleta de ejemplos de personas que perdieron algo al sucumbir como niños frente a la belleza de mujeres bonitas. No sólo la felicidad personal se les fue al basurero; obnubilados por una hermosura inexplicable, se han desvanecido reinos, poder, cargos, fama y muchas otras cosas más.
John Profumo, secretario de Estado para la Guerra británico durante el gobierno conservador de Harold Macmillan a principios de los años sesenta, supo muy bien lo que para un hombre con poder significa perder el control sobre sí mismo. ¿El motivo?, la relación extramatrimonial que sostuvo con Christine Keeler, bailarina de lujo londinense. Hasta aquí el asunto no era nada más que otra aventura de un político inglés, de no ser por un detalle.
Keeler era al mismo tiempo amante de Yevgeny Ivanov, un funcionario de la embajada soviética en Londres que en realidad era un agente de la KGB en labores de espionaje. El affaire no tardó en conocerse; tras una escandalosa investigación plagada de mentiras por parte de los acusados, John Profumo renunció a su ministerio, al parlamento y a su asesoría en el Real Consejo, en medio del oprobio de toda Inglaterra. Christine Keeler, una de las mujeres más bonitas por esos años, estuvo nueve meses en cárcel por perjurio.
Un príncipe, Troya y una mujer bonita
La leyenda de Elena de Troya nos da otra interesante luz en torno a este tema. Se trata del arquetipo de la historia en la que la ceguera provocada por la fascinación alrededor de la belleza de una mujer, bloquea cualquier capacidad para evaluar consecuencias. Emparentada con los dioses según la mitología griega, Helena terminó desposada con Menelao, rey de Micenas.
Los problemas comenzaron cuando Paris, príncipe de Troya, viajó a Esparta y conoció a Helena. Fue verla y caer rendido a los pies de, según la leyenda, una de las mujeres más bonitas que existían. Ese instante marcó el destino de todo un pueblo ya que a partir de ahí el príncipe troyano tomo una serie de malas decisiones que desencadenaron su aniquilación y la de su gente. Tras el rapto de su amada, Paris se refugió en Troya y lo que vino es ya conocido: Aquiles a la cabeza de las tropas de Menelao, el sitio a la ciudad, el caballo de madera, la muerte de Paris y la de todo un pueblo.
Está claro que las dos historias relatadas son extremas, pero a pesar de eso son válidas para cualquiera que entienda que lo primero es tener claro qué es lo que en realidad queremos de una relación. El planeta está lleno de mujeres bonitas y el obsesionarnos con una, sólo por lo bella que pueda ser, no asegura el éxito de un noviazgo o un matrimonio. Por mucho que algunos se nieguen a aceptarlo, la felicidad es una cosa muy distinta al deseo.

